sábado, 5 de septiembre de 2009

Socialismos.



Muleando para el sucio diputado,
desde y hasta que sol se iba,
fue donde conoció a ese cubano,
que ya ni sombra, hacer, podía.

La moscovita hacia las camas,
guardando el título de ingeniería,
que con el culo se había pagado,
para tener que huir un día.

De casa al Congreso, en el Mercedes,
le llevaba el refugiado,
que por no dar a Fidel laureles,
hoy es chofer y ayer fue cirujano.

En la España socialista,
desembarcó este forastero,
que hallo en las piernas moscovitas,
lo que dejó en el bohío habanero.

Cambiaron vodka por mojito,
el dolor de perder la tierra,
el sudor, la saliva y el flujo,
en un cuarto pleno en miseria.

De la vieja Europa se largaron,
en busca de un nuevo cielo,
en busca de ese respeto,
que en el “primo mundo” no vieron.

Hoy él destripa porteños,
para tratar de salvarles la vida,
mientras ella construye caminos,
en la enorme pampa argentina.

Y da risa la mixtura genética
que el socialismo nos supo dar,
en esa morena ojizarca,
nacida en la libertad.


“...la primer revolución la hice entre tus piernas...”

Santa Teresita, diciembre del 99.

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