sábado, 5 de septiembre de 2009
Alias Jehova
“…en esto se mostró el amor de Dios para con nosotros…” 1 de Juan, 4:9.
Tú que estás seguro de lo cierto,
que Jehová te haces llamar,
que miras de reojo el desierto,
en que mi vida vino a acabar.
Tú que fuiste norte en mi brújula,
que diste calor a mi sol,
y viniste a cantar la balada,
en que yo soy el traidor.
Tu que sigues devorando mis días,
y que a Adán hiciste pecar,
no te desligues, ya, de la culpa,
no se la cargues toda a Satán.
Tu que dices ser el sinónimo,
de la ternura, la Santidad,
y a la ruleta juegas los años,
de tu gran prole la humanidad.
Tu que terminas siendo cobijo,
del asesino, de la impiedad,
que no recibes ningún consejo,
en esta noche me escucharás.
Si de justicia te crees dueño,
baja aquí a refutar,
todas las muertes que yo te acuso,
en esta Historia, que es tu plan.
Y no me niegues que sos la causa,
desde Abel, hasta Hiroshima,
que sos culpable de toda matanza,
ya que la muerte es tu inventiva.
Los hombres grandes de corazón,
desde Teresa a Luter King,
Jesús, el Che, Mahatma Ghandi,
ya son escombros en tu Seol.
Yo me imagino que por las noches,
cuando pretendes ir a dormir,
con el gemir de tantos hombres,
tus pesadillas no tiene fin.
Y te presentas delante nuestro,
con ese “slogan” desolador,
“si no me adoran, ustedes perros,
en el infierno tendrán calor”
¿Cómo alguien puede jugar tu juego?,
y tributarte su devoción,
no es por amor, no…no lo creas,
lo que les mueve es el terror.
Entonces tuercen la cervical,
y se arrodillan ante el Señor,
que más que Santo, debiera ser,
el Cruel Verdugo Desolador.
Yo no le temo a las torturas,
que me prometes en el infierno,
le temo al cielo, que está poblado,
de comemierdas, de fariseos.
Si en estos días rompes la Historia,
como anuncian hoy tus profetas,
y te apareces con la parodia,
del juicio justo, con la trompeta.
Cuando me toque, de pie, erguido,
frente a tu trono, pienso decir,
para que escuchen bien tus bandidos,
lo que hoy estoy diciendo aquí.
Dedicado a la hija de Jefté, a todos los que Dios mando a matar, en el Pentateuco, y a todos los que murieron en una infame hoguera…
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